La inteligencia difusa periférica.

Desde Barcelona, desde el año 2008, desde la apoteosis del 15-M, la muerte de la quimera del capitalismo con rostro humano parecía ser un hecho. La creación de movimientos y asambleas desde la base parecía que nos llevarían a nuevas situaciones de radicalidad emancipadora en la vida cotidiana. En alguna gente el optimismo era incluso pueril, parecía posible asaltar los cielos. Parecía posible una insurrección o en su defecto un movimiento asambleario genuinamente anticapitalista que se fraguaba como inicio de algo. El primer día que fui a ver qué es lo que se cuece en la plaza Catalunya, me di cuenta que quizás estaba muy solo. Una multitud y los recuperadores de siempre con su discurso No-violento, democrático, superficial intentando encauzar un colectivo espíritu latente de la gente que grita: “¡Nadie nos representa, que se vayan todos!”. Algunos de los que siempre intentan representarnos estaban allá, parte de los que se tenían que ir ahí estaban…. Me parecía evidente, yo no soy del 15-M

Las promesas que nos ofrece el asamblearismo como versión mejorada de la democracia representativa son evidentemente igual de ilusorias que las continuas mentiras del sistema. Mientras nuestro aburrimiento es el de siempre, para muchos continúa el rechazo total al presente y sus alternativas pretendidamente viables.

Por todos lados las insurrecciones fracasan al no ser revoluciones, en Barcelona, las protestas y botines fracasan al no convertirse en insurrecciones. Solo puedo hablar del ámbito donde vivo, sin ser ciego al resto del mundo

Hemos sido vergonzosa y fácilmente derrotadas. Del naufragio queda la ilusión de las autojustificaciones de siempre, o los rincones autónomos resistentes, o los asquerosos altares de la coherencia del santo vivir de la pureza ideológica que desde la izquierda más pura e incluso libertaria nos juzga como masas sin consciencia que han decidido desoír el correcto estar, relacionarse, organizarse, alimentarse o simplemente follar según su superioridad moral e ideológica. Desde los rincones no nos queda más que continuar, entre otras cosas, con la crítica contra la superioridad moral de esta gente.

Las luchas, los golpes, los asaltos a nuestras casas y lugares de vida colectiva han vuelto poner en evidencia el carácter de toda policía y de la sociedad que defiende. Las amenazas de un invisible terrorismo y las víctimas que este espectáculo crea son de la misma naturaleza y origen que las amenazas de la metralleta del uniformado o sus golpes, la condena a muerte en los pasillos de una sanidad en precario o el dejar sin posibilidad de recursos para una vida digna a una familia.

El Poder sabe quién es su enemigo, saben dónde está la dignidad, la lucidez. Intentan montar su imaginaria trama entre operaciones Pandora, redadas indiscriminadas, falsas pruebas de extraños sucesos generalizando el miedo a luchar o el miedo a la gente que lucha. Mientras engullidos en una pérdida constante, cada golpe, cada detención, nos viene a demostrar lo realmente fragmentados y desorganizados que estamos tanto los grupos de afines como las individuales que luchan.

Nuestra soledad individual no es tal pues es en sí una soledad colectiva. El régimen de aislamiento carcelario es la representación en estado puro del carácter de la sociedad actual, negación de lo colectivo, atomizando las partes destruyendo cualquier individualidad pues solo podemos ser siendo en colectividad, el Poder solo nos quiere como átomos aislados que mediatizados por la tecnología, la represión, la falsedad, la soledad nos hacen participes de su sociedad presuntamente ordenada.

Nuestro gozo, es sin querer un gozo colectivo. Nuestra revuelta no es única, ocurre en varios lares. Nuestra vida concurre caminando junto numerosas vidas en revuelta. Lo que ocurre en un lugar, también ocurre en otros lugares, frente a un Poder globalizado la espontanea revuelta deviene en colectividad intuitiva, la naturaleza homínida es superada por colectividad humana. Una inteligencia difusa, periférica y antagónica a los centros del Poder. Más allá de toda norma de la lógica del propio Poder se desarrolla la intuición, las emociones, la pasión, los sentimientos.

Por mucho que se preocupen de nuestro bienestar, rechazamos a quienes intentan organizar la vida de los demás. Dejamos de ser pobres desde el momento que nos organizamos, dejamos de estar en soledad desde el momento en que nos encontramos. No necesitamos siglas, banderas, sindicatos… Desde la afinidad actuamos desde una clarividencia colectiva, discurrir el pensamiento desde el dialogo de lo colectivo.

Una inteligencia colectiva y periférica que observa lo que le rodea, lo vivido, lo conseguido, lo frustrado, lo perdido. La inteligencia más que individual es un proceso de debate colectivo, la palabra necesita discusión, el pensamiento necesita debate. La Revolución precisa recrear su lenguaje para superar el periodo de las constantes derrotas. Ese lenguaje demanda no solo colectivizarse si no ser en actos. El cerebro para ser necesita de las manos, las manos para acariciar necesitan del corazón, el corazón para latir necesita de los pensamientos que triunfan con sensuales argumentos.

ODO

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